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IDEAVIVA

La ciencia ficción ya llegó: cómo liderar personas en el “Tecnoceno” 

    por Néstor Gutman (director de IDEAVIVA)

    Vivimos un momento histórico singular. Ya entramos en el primer cuarto del siglo XXI y, aunque muchas veces no tomamos dimensión de ello, las formas de trabajar, vincularnos y liderar cambiaron profundamente. La pandemia aceleró procesos que ya estaban en marcha: trabajo remoto, comunicación mediada por pantallas, inteligencia artificial, hiperconectividad y una creciente digitalización de las relaciones humanas.

    En este contexto, el liderazgo también tuvo que transformarse.

    Hoy liderar ya no consiste solamente en dirigir tareas, controlar resultados o tomar decisiones. El gran desafío del liderazgo contemporáneo pasa por desarrollar habilidades relacionales en un mundo donde cada vez nos relacionamos menos presencialmente.

    Cambio de época

    Algunas voces hablan de “ruptura civilizatoria” o incluso del ingreso a una nueva era: el “Tecnoceno”, una etapa donde lo humano está completamente atravesado por la tecnología. Así lo plantea la investigadora Flavia Costa en su libro “Tecnoceno: Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida” [1].

    La ciencia ficción ya llegó.

    Trabajamos, conversamos, aprendemos, coordinamos equipos y construimos vínculos a través de pantallas. Y eso tiene enormes ventajas, pero también consecuencias que muchas veces no advertimos: más aislamiento, menos contacto humano directo y dificultades crecientes para generar vínculos profundos.

    En el mundo del trabajo esto se volvió especialmente visible después de la pandemia. El trabajo remoto se masificó y apareció un desafío completamente nuevo para las organizaciones: cómo liderar equipos a distancia.

    Liderar a través de una pantalla no es lo mismo que liderar presencialmente.

    Cuando las conversaciones ocurren por Zoom, Meet, WhatsApp o correo electrónico, hay menos señales para percibir emocionalmente al otro. Disminuye el lenguaje corporal, la espontaneidad y la cercanía cotidiana. Por eso, los líderes actuales necesitan desarrollar nuevas competencias para generar conexión, alineación y cohesión en sus equipos.

    Más que blando: relacional

    Hace muchos años se viene hablando de “habilidades blandas” para referirse a capacidades como el liderazgo, la comunicación efectiva o la resolución constructiva de conflictos.

    La expresión viene de la traducción literal de soft skills. Pero en español, tiene connotaciones negativas.

    En español, “blando” puede sugerir:

    • Poco firme
    • Débil
    • Poco riguroso
    • De menor valor frente a lo “duro”
    • Falto de precisión o técnica

    Por eso, muchas personas sienten que “habilidades blandas” suena a capacidades “menos importantes” que las técnicas o “duras”.

    Entonces, mejor que “blandas”, llamémoslas “relacionales”.

    Porque el liderazgo es, ante todo, un fenómeno relacional.

    Si un líder no sabe relacionarse con las personas, difícilmente pueda sostener equipos comprometidos en el tiempo. Y esto vale especialmente en contextos organizacionales, donde ya no alcanza con dar indicaciones o controlar resultados: hay que construir conversaciones de calidad.

    En un entorno saturado de estímulos digitales y dispersión permanente, lograr verdaderamente “llegarle” a alguien se volvió más difícil. Todos estamos mirando el celular, saltando de una pantalla a otra y procesando enormes cantidades de información.

    Por eso, uno de los grandes desafíos del liderazgo actual es elevar la calidad de las conversaciones.

    Escuchar mejor. Observar más atentamente. Ser claros y asertivos. Generar espacios de feedback. Construir confianza aun a distancia.

    El líder ya no puede apoyarse solamente en la autoridad formal. Necesita desarrollar capacidad de conexión humana.

    Del instructor que enseña al aprendizaje colaborativo

    Otro cambio profundo tiene que ver con la forma de aprender.

    Antes, muchas capacitaciones se concebían como procesos unidireccionales: alguien “sabía” y venía a enseñarles a otros. Hoy ese paradigma quedó viejo.

    En los procesos modernos de formación y coaching, el aprendizaje se construye de manera colaborativa. Los facilitadores, coaches o consultores ya no ocupan el lugar de “grandes eminencias” que bajan conocimiento, sino el de personas que aportan herramientas, disparadores y marcos de reflexión para co-crear aprendizaje junto con los participantes.

    Nadie sabe más que todos juntos.

    La experiencia de los equipos, los desafíos concretos y las conversaciones compartidas se vuelven parte fundamental del proceso de desarrollo.

    En ese sentido, el coaching también aporta una mirada interesante: el protagonista no es el experto, sino la persona o el equipo que busca crecer.

    Tecnología sí, pero al servicio de lo humano

    La inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías seguirán avanzando. Resistirse a eso no parece tener demasiado sentido. El desafío no es negar la tecnología, sino aprender a usarla a favor de las personas.

    Porque el riesgo aparece cuando lo humano queda subordinado a lo tecnológico.

    Muchas veces perdemos conciencia del cuerpo, del encuentro y de la presencia. Surgen nuevos síntomas, nuevas formas de ansiedad y nuevas dificultades vinculares. Por eso resulta tan importante seguir generando espacios de reflexión acerca de cómo queremos trabajar, liderar y relacionarnos en esta época.

    La tecnología puede potenciar enormemente nuestras capacidades, pero no reemplaza la necesidad humana de conexión, reconocimiento y sentido.

    Liderar en tiempos complejos

    No existen fórmulas mágicas para liderar personas. Las relaciones humanas son complejas y cada contexto requiere respuestas distintas.

    Por eso el liderazgo del siglo XXI exige flexibilidad, escucha y capacidad de adaptación.

    Se trata menos de imponer respuestas y más de construir conversaciones inteligentes. Menos de controlar y más de generar contextos donde las personas puedan desarrollarse.

    Quizás por eso una de las ideas más potentes para esta época sea la siguiente:

    “Vos sos tu propio maestro”.

    Los coaches, facilitadores o consultores pueden aportar herramientas y acompañamiento, pero cada persona necesita encontrar su propia manera de liderar, aprender y crecer.

    En un mundo atravesado por cambios permanentes, probablemente esa sea la competencia más importante de todas: seguir aprendiendo.


    [1] Costa, Flavia: “Tecnoceno: Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida”, Ed. Taurus, 2021.